A diferencia del año pasado el tiempo estuvo soleado en las semanas previas a la carrera con máximas de hasta 25 grados, pero a cinco días de la Lima42k las esperadas nubes cubrieron Lima e hicieron descender las temperaturas. En las doce horas previas cené un plato de fideos, bebí un litro de Gatorade, un litro de suero Frutiflex y desayuné tres plátanos. Para cuando dieron la partida, a las siete de la mañana, ya había decidido ir a un paso cómodo en los dos primeros tercios de la carrera y acelerar en el último tercio, si es que podía. La experiencia me enseñó que es necesario asegurarme el avituallamiento llevando el cinturón de hidratación y tres sachets de Accel Gel de vainilla en los bolsillos. En la partida me ubiqué en el tercio posterior del pelotón y empecé la carrera con el paso más cómodo que encontré, al pasar los 3k en veinte minutos me enteré que estaba yendo a 6'40", bastante más lento de lo esperado, pero no me preocupaba demasiado porque ya sabía que a partir de los veinte minutos llegan las buenas sensaciones y suelo acelerar sin darme cuenta. Voy tranquilo mirando mi ciudad, de San Borja Sur paso a San Borja Norte, luego a Canaval y Moreyra, Juan de Arona y los 10k en una hora con tres minutos. Paso frente al Golf de San Isidro y me regocijo al pensar que no estoy nada cansado y que el año pasado en ese lugar si lo estaba. Sigo el camino a Magdalena, paso los 14k en la Javier Prado y recuerdo que comí un gel allí en la ultima maratón, ahora comeré el primer gel más adelante, en el 22k, poco antes de comenzar la primera subida. Voy por la Avenida del Ejército y al entrar a la Pera del Amor me cruzo con Claudia, la comadre de mi mujer, ella está saliendo y me aventaja por tres o cuatro minuto, se ha comprado un GPS Garmin y le va marcando el paso a un grupete de runners. Entro a la Costanera, el Océano Pacífico está a mi derecha, voy detrás de un grupo de runners y oigo que entre ellos se dicen "cinco con cincuenta, bajemos un poco", momentáneamente los adelanto. Llego al Puente Villena, ya estoy en la media maratón, dos horas con once minutos, avanzo un kilómetro más y justo antes de llegar a un puesto de hidratación me como el primer gel, desde allí hasta el 27k va una subida que en la maratón del 2010 me obligó a caminar. Voy por Mariscal Castilla y luego por La Merced, después viene Ricardo Palma y la Avenida Pardo, sigo por Santa Cruz y en Angamos paso por el 30k, llevo tres horas con siete minutos corriendo, ya voy cansado y me como mi segundo gel, todo lo que queda hasta la meta es en subida, al igual que el año pasado acabaré el maratón dignamente y superaré el cansancio, aunque vaya a paso de tortuga, no caminaré ni me detendré más del tiempo necesario para tomarme un vaso en los puntos de hidratación que hay cada 5k. Paso por el Colegio Belén, después viene de nuevo el Golf, sigo por Juan de Arona ahora en subida, es el 35k y me tomo mi último vaso de Powerade, siento el último gel que comí aún en el estómago, debido al cansancio mi estómago no ha sido capaz de absorverlo todavía, cruzo la Vía Expresa viendo cómo el pacer de cuatro horas con treinta me pasa con facilidad, acelero un poco para no perderlo de vista pero me parece que va demasiado rápido, a un paso mayor del que le corresponde. En el 37k colocaron un arco de donde caía una lluvia demasiado fina, me refresco un poco al pasar debajo y al doblar a Pablo Carriquiri me encuentro con los padres y las hermanas de Claudia que me dan ánimos, me alegra mucho el verlos, así como al esposo de Claudia que esta vez no pudo correr y estuvo esperándome en varios puntos de la ruta con su cámara fotográfica. Entro a San Borja Norte y cuando me encuentro a la altura del Puente Quiñones mi esposa me llama por teléfono, con la voz entrecortada por el cansancio le digo que ya voy en el 38k y que estoy llegando en veinte minutos. A poco de cruzar la Avenida Aviación adelanto al pacer de cuatro con treinta, que ha bajado el paso y me da ánimos al verme pasar, cruzo la Avenida San Luis y al pasar frente al balcón de mis suegros en el 41k, ellos me estaban esperando, me saludaron y me dijieron que me veían más fresco que el año pasado. De pronto veo que un corredor que va un poco adelante acelera y hago lo mismo, aunque me parece muy pronto, la recta final la recorro con los ojos cerrados, el cronómetro que está arriba del arco de la meta marca cuatro horas con veintinueve minutos, me he quedado sin aire por el sprint (si es que se puede llamar así), cruzo la meta y me detengo de golpe para hinchar mis pulmones y sacarme el sofocón. El primero en recibirme fue mi hijo de seis años quien me toma de la mano y me dice "papá quiero correr contigo", mi esposa y mi hija de once años me miran y me abrazan, me parece que sus ojos brillan.
mejoré en trece minutos mi marca del 2011.
primer y segundo puesto de la maratón.





No hay comentarios:
Publicar un comentario