lunes, 26 de octubre de 2009

mi primera 10K

blogcorredores
Foto RPP
Ayer domingo se realizó en Lima la VIII Gran Maratón RPP, la carrera más popular del medio y la que congrega más deportistas, veinte mil según los organizadores. En esta edición hubieron dos recorridos, uno corto de 10K y otro más largo de 21K, la Plaza Grau del Centro de Lima fue el punto de partida y llegada para ambos recorridos. La carrera se inició a las nueve de la mañana, el grueso del pelotón terminó de cruzar la linea de partida diez minutos después. Como es costumbre los primeros puestos fueron ocupados por nuestros mejores fondistas de la sierra central. En la 10K, el ganador de Huancavelica hizo un tiempo de 31 minutos.
Se trataba de mi primera carrera y no quería hacerme mayores problemas, por eso me inscribí en la modalidad de carrera sin chip, el costo de inscripción fue de diez soles, poco más de tres dólares, e incluía la camiseta. Debido a que sali de mi casa con el tiempo justo y a varios accesos bloqueados tuve que iniciar la carrera con quince minutos de retraso, cuando ya todo el pelotón había partido. Desde el comienzo corrí mirando mi pulsómetro, no debía pasarme de ciento setenta pulsaciones, sabía que así podría correr cómodo durante por lo menos cinco kilómetros a un ritmo de seis minutos el kilómetro. Cada kilómetro del recorrido se hallaba señalizado, lo que facilitaba el control. Tardé treinta minutos y medio en llegar al 5K, no estaba tan mal, pero los últimos cinco kilómetros eran de subida y debía apurar un poco más el paso si quería acabar la carrera en una hora. Pasé el 6K fresco y al cruzar el 7K ya empecé a sentir un poco el cansancio, no quería bajar el ritmo y subí mis pulsaciones a 175, los ultimos dos kilómetros fueron más duros. Finalmente crucé la meta en una hora y dos minutos, queda pendiente hacer un tiempo de menos de una hora para mi próxima 10K.

jueves, 22 de octubre de 2009

un salto inducido

El siguiente avance lo decidió mi inclinación hacia el montañismo, tenía un mes y medio para preparame para una montaña y me tracé el objetivo de llegar a correr comodamente tres kilómetros y medio tres días a la semana, de preferencia dos de ellos seguidos para adaptarme mejor a la rutina del montañista que muchas veces debe hacer dos o más días seguidos de marcha. Las rodillas maltratadas por el peso de abultadas mochilas representan el problema de varios excursionistas y el mio también, desde hace años había venido arrastrando un dolor en las rodillas cada vez que bajaba alguna ladera, supongo que por ese motivo el mayor impedimento físico que tuve durante esta etapa fue ese, cuando el dolor pasó de leve a moderado, unos días de descanso lo hicieron desaparecer y en adelante el fortalecimiento de mis rodillas se hizo más evidente.
A mediados de agosto, al finalizar esta etapa de preparación, las pulsaciones por minuto durante la carrera seguían altas, mi velocidad continuaba rozando los diez kilómetros por hora, pero la sensación de cansancio al terminar el ejercicio había disminuido con respecto a los meses anteriores.
La preparación aunque modesta dio resultado, a fines de agosto subí la montaña de cinco mil cuatrocientos metros desde el campo base haciendo un tiempo promedio y luego regrese a la ciudad al anochecer de ese mismo día, hice dos jornadas en una sola sin terminar demasiado cansado.

Nevado Urus
Agosto 2009. Nevado Urus, Cordillera Blanca.

miércoles, 21 de octubre de 2009

feedback e inicio

Hace cinco meses empecé a correr una vez por semana durante veinte minutos seguidos. Quizá a más de uno le parecerá que no estaba en tan mala forma, de hecho otros refieren haber tenido comienzos más modestos, pero mis ochenta y nueve kilos no encajaban bien en mi metro ochenta y cuatro. Tenía algunos kilos de más, había estado yendo a un gimnasio donde mi trabajo cardiovascular durante los últimos cinco años había pasado únicamente por caminar una vez a la semana sobre la trotadora inclinada al máximo y por otro lado también había empezado a darme cuenta de que marchaba muy lento en mis esporádicas salidas a la montaña, mi afición de siempre.
Nunca había destacado como un buen corredor cuando fui estudiante, me situaba un poco arriba de la media, las veces que había intentado crearme el hábito como parte de un entrenamiento para hacer montaña, terminé dejándolo luego de la primera sesión debido a los dolores que había sentido, después trataba de convencerme a mi mismo de que no era necesario correr para realizar mis salidas por la sierra.
Mi primer avance me tomó un mes y medio, entre mediados de mayo y finales de junio, me costaba mucho salir a correr pero pude pasar de los veinte minutos una vez a la semana a los veinte minutos dos veces por semana, la distancia que corría rondaba los tres kilómetros por día.