El siguiente avance lo decidió mi inclinación hacia el montañismo, tenía un mes y medio para preparame para una montaña y me tracé el objetivo de llegar a correr comodamente tres kilómetros y medio tres días a la semana, de preferencia dos de ellos seguidos para adaptarme mejor a la rutina del montañista que muchas veces debe hacer dos o más días seguidos de marcha. Las rodillas maltratadas por el peso de abultadas mochilas representan el problema de varios excursionistas y el mio también, desde hace años había venido arrastrando un dolor en las rodillas cada vez que bajaba alguna ladera, supongo que por ese motivo el mayor impedimento físico que tuve durante esta etapa fue ese, cuando el dolor pasó de leve a moderado, unos días de descanso lo hicieron desaparecer y en adelante el fortalecimiento de mis rodillas se hizo más evidente.
A mediados de agosto, al finalizar esta etapa de preparación, las pulsaciones por minuto durante la carrera seguían altas, mi velocidad continuaba rozando los diez kilómetros por hora, pero la sensación de cansancio al terminar el ejercicio había disminuido con respecto a los meses anteriores.
La preparación aunque modesta dio resultado, a fines de agosto subí la montaña de cinco mil cuatrocientos metros desde el campo base haciendo un tiempo promedio y luego regrese a la ciudad al anochecer de ese mismo día, hice dos jornadas en una sola sin terminar demasiado cansado.

Agosto 2009. Nevado Urus, Cordillera Blanca. |
No hay comentarios:
Publicar un comentario